Esta obra funciona como una metáfora visual del desgaste emocional y mental que provoca el trabajo de oficina entendido como rutina asfixiante. El fondo rojo, intenso y envolvente, crea un ambiente de tensión permanente, casi como si la escena estuviera inmersa en un calor que no se disipa. Es un rojo que no solo ilumina: abrasa.
Pintura de corte simbólico, donde cada forma y color actúa como un mensaje diseñado para conectar con el espectador. Utilizo iconografía propia para representar ideas y realidades concretas, transformando el lienzo en un lenguaje visual que invita a descifrar el significado detrás de cada elemento.